jueves, 16 de abril de 2009

EL VECINO DEL QUINTO Y LA BICICLETA.



Mi vecino del quinto es un hombre jubilado con el que me cruzo todas las mañanas en el portal cuando salgo del ascensor sacando del mismo mi bici y mi persona, arreglándomelas como mejor puedo, teniendo en cuenta que solo tengo dos brazos...
Mi vecino del quinto es un señor pensionista con el que coincido todos los días, bien temprano, en la planta baja, cuando abro la puerta del elevador como buenamente puedo para sacar de ahí a mi misma y a mi bici que por falta de espacio va en posición vertical.
Mi vecino del quinto es un abuelete desempleado que veo cada amanecer, en la entrada del bloque en el que vivo, cuando hago mis maniobras diarias para sacar a la que suscribe y su bici de un ascensor tan reducido que me hace ir abrazada a mi vehículo.

Mi vecino del quinto es un varón con la edad suficiente como para que en su infancia después de haber aprendido a andar, haya aprendido a pedalear o a manejarse con la tracción animal para moverse por un mundo en el que nació y en el que los trasportes no habían llegado al punto de desarrollo al que han llegado hoy en día.

Por qué me mira raro mi vecino del quinto cada vez que le saludo en el portal cuando salgo del ascensor con la idea de ir a inaugurar cada jornada laboral a pedales?
Por qué se queda impasible mi vecino del quinto cada vez que me ve abrir la puerta del ascensor con dificultades, mientras maniobro para poner mi bici en posición horizontal?
Por qué farfulla algo contra los bicicleteros mi vecino del quinto cada vez que tengo el placer de cruzarme con él a las mañanas al salir del ascensor agarrando mi bici?

No le tendría que resultar más familiar a mi vecino del quinto que alguien se desplace en bicicleta, si es probablemente en lo primero en lo que él se desplazó en su infancia y juventud en un mundo menos motorizado que el de hoy?
Es que acaso mi vecino del quinto considera que hago más daño yo si, por descuido, rozo con mi bici la pared del ascensor que todo el humo de los tubos de escape que emiten los vehículos a motor?

He tenido tantos vecinos del quinto, como casas he habitado, tanto es así que a día de hoy no se quién es mi vecino del quinto, pero es igual puesto que mi vecino del quinto es un ser abstracto que lo mismo puede vivir en el quinto, como en el segundo, como presentarse en forma de mujer o de matrimonio de ancianitos, la única condición que cumple este ente sin forma definida es la de haber conocido un mundo menos humorado que el de ahora y, sin embargo, tener el poder de hacerme empezar cada día malHumorada...

4 comentarios:

  1. ¡Guapa! Es que no tienes en cuenta que, para el pobre hombre, es mucho más importante que sus cincuenta centímetros cuadrados de espacio ascensoriles queden impolutos e intocables a tenerlos que compartir cada mañana (¡es que eres una egoista incontrolable!) con ese vehículo infernal. ¡Amos, hombre...! De tu compi en el subsótano

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  2. Que yo no me meto en un espacio tan reducido con mi bice y mi vecino del quinto, eso es, cuando menos, obsceno...!!!!!! Has de imaginarte que yo bajo en el ascensor con la bici y que cuando salgo, me lo encuentro en el portal....

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  3. Es curioso: Vivo en tu ciudad, voy por ella a pedales, tengo un blog y podría ser perfectamente tu vecino del quinto... porque en un quinto vivo.

    Encantado de saludarte.

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  4. Dédalus, gracias por haberme leído y por habérmelo dicho tan curiosamente. Tomo nota de tus "blóginas" y me acercaré a ellas con CURIOSIDAD.

    Hasta otro rato.

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