lunes, 23 de marzo de 2009

LA BICI ROJA (III)

Mi bici roja comprada durante el día solía estar aparcada en alguna farola o árbol que tuviera a mano (los aparcabicis oficiales a veces escasan en la city…), pero durante la noche, dormía en casa. Para que la bici estuviera a resguardo yo tenía que cargar con ella para meterla en el ascensor, una tarea que no implica grandes esfuerzos a priori, pero que a posteriori me cansé de hacer porque mi bici roja comprada era de hierro y muy pesada...
Mis padres que siguen pedaleando por el Trentxiki, me dieron la solución a ese problema, así, mi madre se quedó con mi bici roja comprada, mientras yo heredé la suya: una bici plateada de aluminio, ligera, ligerita.

Con mi bici plateada heredada he ido al trabajo miles de veces (si el trabajo dignifica, ir en bici al trabajo, lo dignifica doblemente?..), he hecho miles de recados (al incorporarle cesta de quita y pon a mi bici ya ni necesito coger las cestas de los supermercados y alguna Maruja hasta me ha pedido que le dijera dónde la había comprado..) y he pedaleado por todas las rutas que la city, o sea, Vitoria, nos ofrece (Vitoria…para bien o para mal…).

Me encanta moverme en mi día a día en bici por la city, aunque muchas mejoras puedan hacerse en la infraestructura que ésta ofrece, he de reconocer que es un privilegio a día de hoy vivir en una ciudad que te permita hacer uso de este medio de transporte que no hecha humo y que es de mantenimiento sencillo y barato.
No se si esto le hace a una ser ecologista (dependerá de quien te juzgue…), a la vista está que no he llegado a ello por activismo, pero si en algo me convierte es en BICICLETERA. Un día mi padre me enseñó a pedalear por el Trentxiki en una bici roja heredada y unos 20 años después le salió una hija BICICLETERA que va de un lado a otro en una sardina, ésto no estaba en sus planes…y en los míos tampoco...