lunes, 23 de marzo de 2009

LA BICI ROJA (II)

Cuando nos hacemos mayores, generalmente dejamos de jugar, y como la bici no era más que un juego, dejé de jugar con ella. Si hubiese estado en un entorno en el que la bici además fuera medio de transporte indispensable, habría sido un elemento que habría seguido presente en mi vida, pero no era el caso.
Años después, hacia el 2004, volví a pedalear (aciertan los que dicen que es algo que nunca se olvida..), retomé el uso de la bici por motivos meramente deportivo-saludables. Y cuando lo hice, volví al escenario del Trentxiki. Al principio, hacer 5 km me parecía toda una proeza, pero me fui enganchando y a día de hoy me parece que llegar desde mi pueblo guipuzcoano hasta el primer pueblo de Navarra por el antiguo trazado del Plazaola (como unos 50 km entre la ida y la vuelta) es pan comido.

Al año siguiente empecé a trabajar en un lugar un tanto apartado de la ciudad en la que vivía y vivo: Vitoria, para bien o para mal... Yo carecía y carezco de coche o moto... El servicio de autobús urbano hacia aquella zona de la city dejaba y deja bastante que desear en cuanto a frecuencias se refiere…Con este panorama, no es de extrañar que la bici fuera la solución ideal para llegar al puesto de trabajo, así que el pedaleo pasó a ser para mí una actividad deportiva y un vehículo de transporte casi indispensable.
Entonces fue cuando me compré una bici. Casualmente era también roja, pero ya no era heredada y fue tan bien recibida que hasta le puse mote… de cuyo nombre aquí no quiero acordarme…